La estación de penitencia pudo concretarse

10 abril 2012
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Las adversas inclemencias meteorológicas que presentaba la tarde del Jueves Santo, impidiendo la salida procesional de las Hermandades de este día, no presagiaban nada bueno para la Madrugada del Viernes Santo. La lluvia volvía a cebarse con la ilusión de mucho sevillanos que vieron como se frustraban los anhelos penitenciales guardados durante todo un año.

Conforme caía la tarde fue acrecentándose el riesgo de precipitaciones sobre la ciudad. Los partes meteorológicos fueron abriendo un aura de ilusión con el paso de las horas y la caída de la noche que fue mejorando conforme avanzaba hacia la madrugada.

Las puertas de la Basílica se abrían poco después de la medianoche y la comitiva fue avanzando a un ritmo mayor al natural y de otros años pues las previsiones, aún  manteniendo cierta estabilidad para la horas de la madrugada, aventuraban un empeoramiento a primeras horas de la mañana, hecho que propició el adelanto en el horario de la entrada de la cofradía. Así lo hizo el Señor de la Sentencia, tras pasear por Sevilla con su habitual majestuosidad y demostrar una vez más la raigambre  y devoción macarena que despierta a su tránsito. Poco después de la una del mediodía lo hacía Nuestra Señora de la Esperanza. La devoción universal que despierta provocó que una ingente aglomeración se posicionara delante su paso, ocasionando en algún momento el lento discurrir por las calles de su recorrido. Su entrada apoteósica, caminando de espaldas prácticamente desde el final de la Resolana hasta la Basílica mirando a la multitud que se reúne para orarle y contemplarla en sus últimos instantes en la calle, tras la estación de penitencia.


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