Vivencias de una macarena (y III)

21 mayo 2012
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Llegamos a la Encarnación y dirección a Santa Ángela, lugar donde la primera vez que estuve sólo tenía lágrimas a mi salida, lugar donde minutos más tarde las hermanitas le cantarían a ELLA, con tanto amor que me daban ganas de quedarme allí para esperarla. Pero ahí también estaba mi penitencia, me prometí que no saldría de mi fila, que aguantaría mi penitencia sin verlos hasta la llegada y así lo cumplí.

Amargura, Feria, no pasaríamos por el barrio con la posible amenaza de lluvia, caras de sueño entre los que esperaban, caras de ESPERANZA por la llegada de ELLOS, expresiones de los semblantes en las personas mayores del barrio que hacían que me encogiera, me hacían que me acordara más aún de mis padres, de mi abuela. Iba a cumplir mi promesa, el fin hasta la GLORIA se estaba acercando y no estaba cansada. La noche se me había hecho corta. Tenía tantos pensamientos en mi cabeza, tantas ilusiones cumplidas, tantos sentimientos encogidos que cuando entré por el atrio y me quité el capirote sólo pude soltar lágrimas de emoción. Estábamos en la basílica sin ELLOS. Solté mi cirio, mi amigo, mi apoyo de toda la madrugá y me fui al atrio, bajo el azulejo de Nuestro Señor,  a Esperarlo.

El corazón empezó a saltar. Llegaba ese ansiado momento. Ya venía con su nuevo andar, me acordaba del costero a costero de Loreto pero igualmente iba implacable, anunciando la llegada a su BARRIO, a su CASA. La noche se acababa y con ella mi promesa. Viéndolo adentrarse por la reja notaba como mis piernas temblaban, como cuando bajas de una montaña rusa. Era tal la emoción que me embargaba que las lágrimas no me dejaban ver su rostro, ese grandioso rostro que tengo en mi patio, en el cabecero de la cama, que me ha acompañado tantas veces en mi vida, tanto felices como tristes.

Poco después de su entrada triunfal llegó mi hermana Macarena. Nos fundimos en un abrazo y por su forma de mirarme pude notar que estaba sintiendo lo mismo que yo, que mi cara era un poema lleno de emoción por lo que estaba viviendo ¡¡Qué abrazo más sentido!!!!

Y la espera se hizo eterna. ELLA no quería dejar su BARRIO, no quería dejar de repartir esa ESPERANZA que tanto nos hace falta en estos momentos. Por fin apareció. Los que estábamos allí no dábamos crédito a lo que veíamos. ¡¡¡Venía andando hacia atrás cruzando el arco!!! qué maravilla por Dios!!! ¡¡¡Es ELLA, NUESTRA ESPERANZA!!! Y en la siguiente chicotá “nuestro Himno”, todos los que estábamos allí cantándolo y llorando de emoción, sólo se escuchaba nuestro canto nuestro, rezo hacia ELLA,

Ay madre cuánto tengo que agradecerte, cuánto me has hablado en esa gran nuestra noche, cuánta fuerza me das día a día. Quería estar en ese lugar para poder verte cara a cara en tu última revirá, mirarte a los ojos y que me dieras esa señal tan esperada. Y me la diste. Me la diste mirándome con tus ojos de cansada pero sin querer entrar dentro, dándome ese pellizco que tanto acostumbras hacer para que notemos que estás ahí.

Y entraste, y fuí en busca tuya no para despedirme sino para decirte un hasta luego, pues el domingo volvería para verte, para vernos.

¡Cuántos abrazos de hermanos rotos dentro! Todos con un mismo sentimiento. ¡qué gran familia macarena, qué orgullosa de serlo y de vivirlo de la forma que lo estoy haciendo! Pero aún me faltaba un abrazo, el que más añoraba de toda esa noche pues había llevado con él algo muy importante de mi vida personal durante toda la madrugada. Y llegó ese momento, detrás de ELLA, como él había permanecido toda la estación, ese abrazo supuso el final de la noche y el empiezo del día.

Sólo puedo dar gracias a tanta gente, pero sobre todo a ELLOS por permitir que mi promesa, mi vivencia, se haya cumplido y con el deseo de que el próximo año vuelva a acompañarlos, tenga una experiencia nueva junto a mis hermanos y junto a NUESTRO PADRE DE LA SENTECIA y NUESTRA ESPERANZA MACARENA.

                                                                                                                                                                                                               Cristina Paradas Alfonso


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