El legado de Miguel Loreto

8 agosto 2017
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Llevó a su Señor con la seriedad que a las cosas de Dios corresponde y la gracia que lo macareno exige.

El nombre de Miguel Loreto queda para siempre en la historia de la Macarena y su recuerdo en el corazón de los macarenos no sólo por haber sido junto a Luis León, capataz general de la cofradía y maestro del dragón, el iniciador de los costaleros macarenos, ni sólo por el arte con el que llevó ese barco grande y poderoso, sino porque él y los hombres que mandó fueron claves en la propagación de la devoción al Señor de la Sentencia. Y siempre evitando el lucimiento, poniéndose al servicio del Señor en su estación de penitencia y haciendo hermandad -creando fraternidad macarena entre los costaleros y entre estos y la Hermandad- el resto del año.

De esta estrecha unión nació, como si brotara del corazón, la forma extraordinaria, única, en que llevaban y llevan el paso, con tanta gracia seria, con tan dulce fuerza, con tanta mesura. La Macarena siempre ha encontrado su gloria templando esa desmesura que es tan suya, citando al exceso para después burlarlo. ¡Cómo llevaba Loreto ese paso! ¡Qué arrojo, qué valentía, qué gracia, qué medida, qué delicadeza, qué fuerza, qué pequeños y apenas apuntados adornos -el amago de paso atrás- cuando terminaba la marcha, sonaban los tambores, redoblaba Hidalgo y el barco rompía como si se liberara la fuerza hasta entonces contenida! ¡Qué macareno! ¡Cuántas lágrimas he llorado viéndolo! Y todo en ofrenda al Señor, tan manso en medio de tanto poderío, cumpliéndose el mandato macareno de dar a sus sagradas imágenes lo mejor -bordados, orfebrerías, músicas, forma de llevar los pasos- para que todo se borrara y sólo ellos resplandecieran.

Este es el mérito mayor y el legado de Miguel Loreto. La Esperanza lo tenía todo y a todos, pero el Señor de la Sentencia era de unos pocos. Las túnicas que la hermandad daba a quienes no la tenían propia eran de antifaz morado, para rellenar el cortejo del Señor. Cuatro personas cambiaron esto: el Melli, el Pelao y Pepito García poniendo seria, nunca triste, a la Centuria y convirtiendo ser armao en gloria de un día y compromiso todo el año; y Miguel Loreto haciendo lo mismo con los costaleros, llevando al Señor como nadie lo había llevado, tan clásico como las cornetas que suenan tras él, tan airoso como la estela de plumas blancas que abre en la bulla, con la seriedad que a las cosas de Dios corresponde y la gracia que lo macareno exige. Gloria eterna tenga quien tanta gloria dio a su Señor.
Publicado por NHD. Carlos Colón en Diario de Sevilla el 8 de agosto de 2017.

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