Nunca la había visto tan cerca

9 noviembre 2017
DisminuirAumentar


IMG_4277

Javier Buzón está leyendo la Biografía del Silencio y ayer se quedó sin palabras. El pintor tendrá que volver al libro de Miguel D’Ors para digerir la impresión que se llevó tras su visita a la Basílica de la Macarena. “Nunca la he visto tan cerca”. Es la mejor despedida de Manuel García como hermano mayor de la Macarena al final de sus dos mandatos, en puertas de las elecciones que tendrán lugar el próximo domingo. La suerte está echada.

La apuesta es tan moderna que tanto el pintor elegido, Javier Buzón (Sevilla, 1958), como el que asesora en estos menesteres a la hermandad, Ricardo Suárez, fueron alumnos de Miguel Pérez Aguilera, cuyo magisterio llega paradójicamente a las entrañas de la Basílica. En su etapa de catedrático de Dibujo, tuvo entre sus ayudantes a Carmen Laffón y a José Luis Mauri, dos de los nombres que forman parte de la impresionante pinacoteca que a lo largo de sus ocho años de hermano mayor ha ido formando Manuel García para orgullo de los más de 14.000 hermanos de su cofradía y el asombro de los visitantes.

La Hermandad de la Macarena se funda en 1595. Cuatro años antes del nacimiento de Velázquez, de quien en el museo de la hermandad figura el crucificado que inspiró el poema de Unamuno. Suárez, García y Buzón hablaban de Murillo, el pintor del año, cuando se dieron de bruces con Valdés Leal. A la salida del museo, se cruzaron con una muy cualificada visita: huéspedes del hospital de la Caridal. “Los hijos de Mañara”, diría gráficamente Ricardo Suárez.

Con el antiguo Hospital de las Cinco Llagas al fondo, Buzón recuerda que él forma parte de la última generación de sevillanos que nacieron en su casa, y no en el antiguo hospital de la Sangre que acoge al Parlamento andaluz. Vino al mundo, quinto de seis hermanos, en el Muro de los Navarros. Su experiencia cofradiera se limita a salir de niño con la Hermandad del Silencio de Carmona, el municipio-matriz de su estirpe. Sus hijos son hermanos de los Estudiantes, cofradía con la que está vinculada su familia política y lo estuvo su padre por su relación laboral con la Universidad. Buzón acudió a la visita con una cámara de fotos. “Me interesaba mucho el perfil de la Virgen y ya tengo un problema, porque son dos perfiles”.

No da crédito a lo que ve en el camarín. “Es lo único que me voy sin hacer, la limpieza de la plata”, dice Manuel García ante la obra impresionante del orfebre Fernando Marmolejo. La toca de la Virgen la restauró hace un par de semanas Paquili. Al camarín se entra y se sale por dos puertas que donó la Marina de Guerra española. En la sala contigua, sendos retratos de Sor Ángela de la Cruz y Bueno Monreal con la firma de Alfonso Grosso. La primera, porque las hermanas de la Cruz fueron madrinas de la coronación canónica de la Macarena el 31 de mayo de 1964. El cardenal, por ser máxima autoridad de la diócesis cuando Pablo VI aprobó las diligencias para esa apoteosis por las calles de Sevilla. Grosso hizo el cartel de esa coronación y también se encuentra el boceto del cuadro que está en la catedral con la Macarena encarnada en la Inmaculada para describir el dogma concepcionista que, como diría Silvio, Sevilla “antes que Roma proclamó”.

Ese cuadro le recordó a Buzón un curioso episodio. “Con motivo de la primera visita de Juan Pablo II, Paco Molina coordinó un proyecto para adornar la Giralda. Yo pinté una Inmaculada y Ricardo Cadenas una Sor Ángela. Las dos imágenes estuvieron colgadas en la Giralda”. La visita es un viaje a la esencia de la Semana Santa: la modernización que introdujo Juan Manuel Rodríguez Ojeda, democratizando el elitismo de los Montpensier con las hermandades del centro. “Una vez al año, era el lujo por excelencia”, dice Suárez, “en un barrio deprimido como la Macarena donde la gente se quitaba el hambre a guantadas, el frío con cisco de picón y las penas con vino de Villanueva del Ariscal”.

Javier Buzón añadirá su nombre a una nómina que se mantendría varias temporadas en el más exigente de los museos. Carmen Laffón la pintó por San Juan de la Palma; cuando Ignacio Tovar vio esa cara luminosa, prefirió centrarse en el manto camaronero. La inspiración de Félix de Cárdenas le llegó cuando vio a la Macarena con el traje de luto que le pusieron por la muerte de Joselito. El cartel de Guillermo Pérez Villalta está en la sala de la Corona, junto al de Félix de Cárdenas. El de Tovar está en el despacho del hermano mayor, que en un lateral tiene el cartel de Juan Miguel Sánchez de 1931. “Tiene la idea de los planos de Bacarisas”, dice Javier Buzón en este viaje de Castillo Lastrucci a Álvarez Duarte. Seis pintores y un fotógrafo, Emilio Sáenz, cuyo hermano Joaquín figura en esta escuela de pintores macarenos.

Autor: Francisco Correal

Publicado en Diario de Sevilla


Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR