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“Cuando me acuerdo de aquellas lágrimas que derramé
al oír los cánticos de la Iglesia a los comienzos de haber
recobrado mi fe, y que ahora mismo me conmuevo, no
con el canto, sino con las cosas que se cantan cuando se
cantan con la voz suave y con la modulación más apropiada,
reconozco de nuevo la gran utilidad de esta costumbre.”
San Agustín. “Confesiones."
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