ANEXO X. TRIDUO A NUESTRA SEÑORA DEL SANTO ROSARIO

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Acordaos, oh Piadosísima Virgen María, que jamás oyó decir que algunos de los que acudieron a vuestra protección, e imploraron vuestro auxilio hayan sido desamparados por Vos. Alentados con esta seguridad a Vos acudo, oh Virgen, Reina de las vírgenes, y aunque agobiado bajo el peso de mis culpas atrévome a comparecer ante vuestra divina presencia, no despreciéis mis súplicas, antes bien atenderlas y favorablemente despacharlas. Amén.

INVOCACIONES

Madre del Santo Rosario en todos los instantes de mi vida acordaos de mí, pobre pecador. Ave María.
Reina del Santo Rosario, sedme amparo y defensa en las tentaciones de mis enemigos. Ave María.
Abogada mía y Refugio mío, por el rezo del Santo Rosario amparadme en el trance espantoso de la muerte y abridme las puertas del cielo. Ave María.

ORACIÓN FINAL

Oh, Madre de Jesús y Madre mía, que cuando yo medite los misterios del Santo Rosario, presentes Tú mis súplicas ante Dios, nuestro Señor, para que Él derrame su gracia sobre nosotros, que por el anuncio del Ángel, hemos conocido la Encarnación de tu Hijo y lleguemos, por su pasión y su cruz y por tu poderosa intercesión a la gloria de la Resurrección. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén
Ave María Purísima.
(Repítase todo esto durante los días del Tríduo)

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