Haretón. El maestro de la iluminación y la foto de estudio

18 febrero 2014
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Tercera generación de una saga de fotógrafos que nació en Lucena y dio el salto a Sevilla. Juan Cristóbal Velasco destaca la maestría de su padre, que ha heredado y enseña a sus hijos.

¿Quién no conoce la foto del perfil de la Esperanza Macarena con los dos cla­veles? ¿O la de la Virgen de las Angustias con la mantilla? Seguro que todos los cofrades tienen en mente alguna instantá­nea que lleva la rúbrica de Haretón. Su sello es inconfundible: fotos de estudio, hechas en sesiones exclusivas e iluminadas de tal modo que las imágenes adquieren volumen, relieve. “Las dotaba de una belleza única”, concluye Juan Cristóbal Velasco, Haretón hijo, que continúa la estela de su padre, sumando una tercera generación a esta saga de fotógrafos, en la que ya despunta una cuarta.

Su abuelo, Francisco Velasco, montó en Lucena (Córdoba) un estudio de fotografía en 1905. Hacía las fotos, que firmaba como Foto Velasco, a los mozos cuando se tenían que ir al frente. Pronto empezó a decantarse por la fotografía religiosa y son conocidas las placas de cristal de Sor Ángela de la Cruz. Su padre, Juan Velasco Cobos, miembro de una familia numerosa, se trasladó a Sevilla con 18 años y empezó a hacer pequeños retoques para otros fotógrafos con cámaras prestadas. Pero era el “maestro de la luz, de la iluminación” y su trabajo enseguida empezó a despuntar. Una vez entró en el mundo cofrade, de la mano de la Macarena y esa foto-icono del perfil con el clavel, “todo un alarde técnico para la época, cuando no existía Photoshop y había que recortar las fotos a mano, con una cuchilla de barbero y aplicarle los productos químicos para hacer desaparecer el fondo arriesgándo­se a perder toda la placa”, se convirtió en un referente. Esta foto ya aparece con la firma Haretón, que fue el sobrenombre que sus amigos sevillanos dieron al fotógrafo que, liado con la apertura de su estudio en la Puerta Jerez, siempre llegaba tarde y andaba despistado, como el protagonista de la radio-novela de la época. En los años 50, la firma ya era marca registrada.

Juan Cristóbal, el hijo, la tercera genera­ción, ya se metía con su padre en el laborato­rio desde pequeño: “Me tenía que echar a la cama para que al día siguiente fuera al cole­gio”. Con 14 años hizo su primer reportaje de bodas y, terminado el bachillerato, “decidí pegarme al maestro”. “Ahora no disponemos del tiempo que teníamos antes para hacer las fotos, apenas una hora. Antes nos quedába­mos toda la noche a solas con la Virgen o el Cristo para hacer seis o siete fotos”. La última ha sido el besamanos de la Macarena. Y justo la Esperanza, como le ocurrió a su padre, le regaló la foto que marcó su carrera.

“Fue la foto en la que tomaba la alternati­va. El primer besamanos de la Virgen al que iba sin mi padre y acompañado por mi mujer, Soledad. En los años 80. Conseguimos la foto a las seis de la mañana”. Pero la composición tiene más historia. “Con 17 o 18 años, me pidieron que le hiciéramos una foto a un joven escultor que apuntaba maneras, Luis Álvarez Duarte. Y éste me contó una anécdo­ta que se me quedó grabada: unos amigos habían hecho un viaje al Amazonas. Cuando remontaban el río, la barca zozobró y el guía los llevó por un ramal para llegar a una aldea a por víveres. En la cabaña, nada más entrar, los sevillanos reconocieron a la Macarena en una fotografía. Se arrodillaron y rezaron y, al acercarse, vieron que estaba firmada por Haretón. Al parecer, un misionero la había llevado hasta allí”. Esto le sirvió de inspira­ción a Juan Cristóbal para crear un cartel que regalarían en la tienda de Puerta Jerez a todo el que entrara con motivo de la Expo 92.

“Sería un recuerdo de Sevilla para llevar la Esperanza a todo el mundo”. Creó la compo­sición Macarena entre nubes. En principio hicieron una tirada de 1.000 carteles. Pero el éxito fue tal que tuvieron que hacer otra de 5.000, a la que le siguió otra de 10.000… “Así que lo que pensábamos que nos iba a costar el dinero, proyectó el nombre a nivel interna­cional”. Les llegaron incluso peticiones de Sudamérica “pero los costes del envío no compensaban”. Después han venido muchas otras fotos y el nuevo estudio en Airesur, donde convierten cualquier fotografía en un lienzo con bastidor en apenas una hora.

Y aunque aún es pronto para pensar en esto, Haretón tiene el relevo garantizado. Ha tenido cinco hijos -Juan Cristóbal, Juan Ignacio, Juan Pablo y Juan Manuel, además de Macarena, que falleció en un accidente de tráfico- y, sobre todo, el pequeño, Juan Manuel, parece que dará continuidad al sello.

Artículo publicado en la revista Más Pasión (El Correo de Andalucía)

Texto: Carmen Prieto

Fotografías: Haretón


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